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Aunque
Anchorage es la ciudad más conocida y poblada
de este estado del extremo noroccidental de los Estados
Unidos, la capital de Alaska es Juneau. Curiosamente,
sólo se puede llegar a esta población
en avión y en ferry, pues está situada
en el archipiélago Alexander y rodeada de glaciares
y montañas. Con alrededor de 30.000 habitantes,
frente a los aproximadamente 260.000 de Anchorage, la
capital alaskeña, fundada en 1881 durante la
fiebre del oro, debe su nombre al minero Joseph Juneau.
Hasta la Segunda Guerra Mundial se sucedieron les expediciones
a esta localidad en busca de pepitas de oro, primero
en ríos y arroyos y más adelante, cuando
en estos lugares se agotaron, en minas que se excavaron
con ese fin.
Una
de las cosas que más llaman la atención
de Juneau son las mareas, algo que influye sobremanera
en la vida cotidiana de la gente y que el viajero deberá
tener en cuenta para no encontrarse con sorpresas desagradables:
la playa que por la mañana fue escenario de un
agradable paseo, en pocas horas puede haberse convertido
en el fondo de un lago donde, sentados en un bote, nos
dedicaremos a la pesca. Por supuesto, estos cambios
hacen que las preciosas vistas de algunas zonas de la
ciudad en realidad se multipliquen por dos, pues algunos
paisajes pueden cambiar tanto que se hacen casi irreconocibles.
Desde
la capital alaskeña podemos visitar varios lugares
de gran belleza, como los glaciares del fiordo de Tracy,
el glaciar de Mendenhall o el Parque Nacional de Glacier
Bay, pero en general, alrededor de Juneau, son tantas
las actividades que podemos practicar que es imposible
que nos aburramos: desde la pesca del salmón
hasta dar una vuelta en avioneta o helicóptero
para ver el paisaje desde el cielo, pasando por la práctica
del esquí en los glaciares, el kayak o los trineos
de perros. En cuanto a la fauna que hay alrededor de
Juneau, se encuentra una de las mayores concentraciones
del mundo de osos pardos y de ballenas jorobadas.
Pero
si queremos conocer a fondo esta cosmopolita ciudad
de Alaska, tendremos la posibilidad de visitar algunos
de sus museos, como el Museo Estatal de Alaska, donde
miles de piezas nos explicarán la historia de
la región, o la Iglesia Ortodoxa Rusa de San
Nicolás (construida y transportada desde Liberia
en el siglo XIX), herencia del pasado ruso del estado
número 49 de los Estados Unidos de América.
En el centro de la ciudad podremos ver los edificios
históricos de la época de la fiebre del
oro que se encuentran en el centro. Son conocidas también
las calles South Franklin y Front, antiguamente repletas
de bares y burdeles y hoy en día llenas de galerías
de arte y tiendas de souvenirs donde encontraremos artesanía
local que llevarnos de vuelta a casa.
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