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Alaska
es el mayor de los Estados americanos, con una superficie
aproximada de tres veces España, y una población
de apenas 650.000 habitantes. El hecho de que este territorio
esté tan poco habitado se debe a que la mayoría
es salvaje. Sus paisaje grandilocuentes y exagerados
en sus dimensiones hace que, año tras año,
sea el destino elegido por miles de viajeros para pasar
sus vacaciones. Sin embargo, Alaska es mucho más
que fiordos, bosques y glaciares.
Situada
en el límite sur del Estado se encuentra Anchorage,
uno de los nucleos más importantes y poblados
(275.000 habitantes) del territorio, que suele actuar
las veces como centro de visitas de la zona gracias
a su gran atractivo y al entorno privilegiado que le
rodea.
Dividida
en cuadrículas y franqueada por el río
Ship y el Golfo de Cook, esta metrópoli, moderna
y funcional, posee un curioso encanto. Su coqueto casco
antiguo combina a la perfección con una zona
mucho más renovada y financiera, coronada por
grandes rascacielos. Es muy recomendable descansar al
menos un día de la frenética actividad
natural que ofrece el Estado y relajarse visitando el
patrimonio cultural con el que cuenta la urbe.
Entre
las visitas turísticas imprescindibles están
el Museo de Historia, el Monumento al Capitán
Cook y el Centro de Patrimonio Nativo de Alaska, en
el cual se muestra un recorrido temático por
todas las étnias que poblaron el territorio en
épocas anteriores. Después, mientras damos
un apacible paseo por las amplias y arboladas avenidas
de la ciudad, podemos dirigirnos hacia el downtown.
En la parte más antigua es dónde se encuentra
el famoso mural conmemorativo que narra la historia
de una de las festividades más añejas
e importantes de toda Norteamérica, el Iditarod.
Esta
es la carrera de trineos de perros más popular
del mundo. Todos los años, en el mes de marzo,
los trineos salen de Anchorage en dirección al
mar de Bering (a unos 1.851 km al oeste) y durante diez
días luchan por llegar el primero a la meta.
Esta competición es un ejemplo de la relación
que existe entre esta urbe y la naturaleza. Se calcula
que en los límites de la ciudad viven multitud
de alces, osos negros, osos pardos y lobos, por lo que
no es atípico ver a alguno de estos animales
deambular por las calles.
Por
si fuera poco, además del patrimonio histórico-artístico,
la población tiene un entorno natural de capital
belleza e importancia. A diario salen excursiones a
los parques nacionales del Lago Clark, los Fiordos de
Kenai o la reserva de Denali, donde se encuentra el
conocido monte McKinley. En definitiva, Anchorage puede
presumir de ser una ciudad encantadora, con un entorno
privilegiado.
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