|
José Diego Estébanez
‘Marine’ cuenta en su web personal el motivo
de su decisión de abandonar la Iditarod Trail
Invitational, una marcha a pie desde Anchorage hasta
Nome con casi 2.000 kilómetros de recorrido en
un relato sincero y profundo de su aventura por los
hielos de Alaska. Este es el relato.
HUESCA.- Cuando me encontraba en alguna
villa y la gente -por cierto todo hospitalidad- me preguntaba
¿por que? Yo respondía que estaba viviendo
la experiencia y buscando mis propios límites,
después me preguntaban si los habia encontrado
y ahora puedo responder, desde el calor de una habitacion
caliente en Nome, que sí, los encontré
a 1.600 kilómetros de donde empecé a buscarlos.
Los encontre a 87 millas de esta localidad, cuando ya
habia rebasado Golovin.
Entre Koyuk y Elim, nuevamente viví
otra de esas “mini odiseas” que tanto afectan
en estas condiciones. 28 millas de overland, terreno
completamente abierto, sin ninguna protección
contra el fuerte viento, viento helado por cierto, ya
que cuando ahora he visto las predicciones de tiempo
que se han dado, ni tan siquiera se asoman a parecerse
con la realidad. He visto que Elim marcaba -16 de mínima
y yo estaba pasando Mosses Bay a media tarde con -38
y vientos de 35 km/h, y mi anemómetro me marcaba
en ese mismo punto vientos regulares de 80 km/h con
ráfagas que se acercaban a 110. Eso es mucha
diferencia, ¿no creeis?
Para colmo, decido arriesgar el último
refugio en mitad de la nada para llegar a Mosses Point
(a unas 5 horas), donde hay una villa de pescadores
y donde prefiero pasar la noche caliente antes que volver
a montar la tienda en esas condiciones..., pues llego
a Mosses Point y resulta que está deshabitado,
solo lo ocupan en verano para la pesca. Todas las cabinas
están cerradas o bloqueadas por la nieve y tengo
que montar la tienda en una noche “infernal”.
No sé lo que se puede pensar
estando en casita, quizá en que una vez dentro
de la tienda, en el saco, tomando algo caliente, todo
ha pasado... pues nada más lejos de la realidad
también. Mientras montas la tienda con ese viento,
te quedas helado, literalmente, por mucho abrigo que
te pongas. El sudor se hiela y te enfría aun
debajo de tanta ropa, por mucho warmer que metas en
las manoplas, los dedos se te quedan helados, por mucho
que te protejas, la cara se te hiela contra el viento
y, una vez dentro de la tienda, a unos -35, no entras
en calor porque el sudor se te ha helado y no te permite
relajarte.
En fin, puede parecer que fue otra
mala noche, pero cuando hay detrás tantas “malas
noches”, el único consuelo (que por cierto
me sorprende “horrores” haber utilizado
tanto) es ponerte a llorar de rabia, de impotencia y
de fragilidad ante unas condiciones en las que te das
cuenta de que no eres nada. Todo esto es un suma y sigue,
como os podeis imaginar.
No abandono por haber pasado una mala
noche. Mi cuerpo, mi mente, mi dolor muscular y lo vacío
que me encontraba se pusieron de acuerdo y me dieron
la suficiente fuerza como para retirarme a escasas 87
millas de donde ahora estoy, un final del que incluso
podia ver su resplandor por la noche.
Tras rebasar Golovin, se abrían
ante mi 90 millas de un nuevo infierno, terreno abierto
sin ninguna protección contra ese viento que
no cesa, que sigue soplando sin compasión. Antes
que volver a sufrir un día como los anteriores,
me vuelvo a preguntar si mi verdadera meta es llegar
a Nome, y tras haber recorrido 3 ó 4 millas,
me doy la vuelta y por fin comienzo a sonreír.
Es tremendamente duro no poder dormir
porque no dejas de pensar en que mañana tienes
que volver a sufrir un día más, es muy
duro caminar sin rumbo y sin dejar de preguntarte si
merece la pena tanto sufrimiento, es muy duro sentirte
“duro” y verte reducido al llanto como si
fueras un niño pequeño y es muy duro luchar
contra un viento, fuerte y helado, que te va erosionando
el alma a cada día que pasa, eso es muy duro...
y no se puede contar, no se puede expresar en palabras
lo que allí se vive.
Aunque suene un poquito a salida fácil,
es necesario vivirlo o haberlo vivido para poder hacerse
una idea remota de lo que os puedo estar contando. Os
lo aseguro. Hoy he hablado con Bill y Kate (organizadores
y participantes este año en la prueba), obviamente
ellos lo han pasado igual de mal que lo he pasado yo,
las mismas condiciones de viento y frío, pero,
ellos viajaban dos juntos y no tenían problemas
musculares, y eso ayuda muchísimo.
Cuando yo comenzaba a caminar cada
día, la mitad de mi cerebro (grande o pequeño,
la mitad) estaba ya ocupado por esa molestia muscular
y tenía que “filtrar” el resto de
problemas con una sola mitad, con lo que cada jornada
acababa agotado psicológicamente y la noche no
me daba el reposo suficiente como para vaciar el filtro.
Desde hace 8 ó 9 dias me he “retirado”
cada noche, pero al llegar el día continuaba
caminando sin saber porqué.
Ahora no quiero buscar en ese dolor
una excusa por esa retirada, ha sido un suma y sigue
que me ha llevado a tomarla, antes de llegar a Nome,
pero mucho más tarde de cuando el cuerpo me lo
pedía.
Quizá alguno de vosotros pueda
pensar en la fuerza de la gente, en esa capacidad de
sufrimiento, afán de superación, instinto
de supervivencia, en una voluntad férrea y determinación...
Obviamente, algo de eso se necesita para este tipo de
retos, pero, si verdaderamente quereis valorar mi fuerza
o mi determinación, hacedlo por haber tenido
el suficiente coraje como para abandonar a dos o tres
días del final de una travesía que me
ha llevado cuatro semanas y no por haber recorrido 1.613
kilómetros a pie, entre 14 y 16 horas diarias,
recorrer entre 35 y 83 kilómetros diarios, nieve
fresca durante días y días, vientos de
hasta 110 km/h, temperaturas de hasta -43 y en unas
condiciones que no dejaban momento de relajación.
Suena una pasada ¿verdad? Incluso
para mi; pues honestamente, ahora mismo me valoro más
por haber tenido ese empuje moral de “por fin”
poder tomar la decisión de abandonar que por
todo lo demás.
Ayer y hoy, desde hace semanas, no
me sentía tan bien. Saludo y sonrío a
todo el mundo que se acerca hasta mi hotel a conocerme
y a saludarme, he dormido como un niño y siento
un alivio en el alma. Por favor, que nadie lo sienta
por mi, ahora mismo me encuentro temendamente feliz,
por fin.
Siento de corazón si he podido
defraudar a alguno de vosotros, por supuesto que lo
lamento, pero hice lo que había venido a hacer.
Mi verdadera meta era vivir la experiencia y encontrar
mis límites, y viví la experiencia y encontré
mis límites.
Fuente: Diariodelaltoaragon.es >
7.4.08
|
|